El blog de Tvintage

30 Abril 2009 a las 19:32 por tvintage

“No hay nada más lindo que la familia unidaaaaa…”

Últimamente, con la Iglesia en pie de guerra contra la ampliación del aborto y a favor de la familia como Dios manda, en muchos foros de debate ultramontanos se regodean en subrayar la decadencia moral de las televisiones y su diabólica responsabilidad en la disminución de la grey católica. Y algunos de los foreros más exaltados recuerdan aquellos tiempos en que la tele era dechado de virtudes familiares, altavoz de la unidad conyugal y referente para futuros matrimonios de adosado.

Y aunque algunos se remontan a Crónicas de un pueblo, la mayoría citan Médico de Familia, la serie con la que Emilio Aragón enterró para siempre la bocina de Milikito y las bambas blancas de Vip noche y comenzó su imparable carrera hacia el olimpo de los mandamases televisivos.

El invento no era nada original: se cogen ingredientes y tramas de distintas series familiares norteamericanas (desde Con ocho basta a Los problemas crecen pasando por La hora de Bill Cosby); se colocan algunos personajes típicamente españoles (la chacha andaluza, el fontanero castizo, el colega ligoncete y el abuelo bonachón); se perfilan de forma que se vean representados todos los targets publicitarios y grupos de edad (las mujeres, los niños y adolescentes, los mayores) y se le añade mucho almíbar.

Se cuece con buenas intenciones y se adorna con la operación publicitaria de emplazamiento de producto más audaz de la tele española hasta la fecha y…¡tachán! salió un exitazo que copó las listas de audiencia entre 1995 y 1999 con picos de hasta nueve millones de espectadores pendientes de las aventuras del viudo doctor Nacho Martín, sus esfuerzos para sacar adelante a sus tres vástagos y sus dudas amorosas (porque no se puede hablar de tensión sexual en sentido estricto) entre su cuñada Alicia y su novieta Irene.

En la serie todo era maravilloso. Nacho vivía en un estupendo adosado y tenía cuidadora para sus hijos con el exiguo sueldo de médico de la Seguridad Social (bueno, y la pensión del abuelo). Los trabajadores del ambulatorio eran superenrollados (con enfermera maciza y minifaldera incluida), trataban a los pacientes como si fueran de la familia y de sus paredes colgaban carteles contra las drogas, contra el tabaco, contra el colesterol, contra el alcoholismo, contra el sida y contra todos los males del mundo conocido ya que, según reveló Emilio Aragón en un su día, el contenido de los carteles se decidía en función de las peticiones de la audiencia (se ignora si alguna asociación de diabéticos solicitó un cartel contra las series demasiado azucaradas).

Y es que Médico de familia era el paradigma de la juventud sana, la tercera edad activa, la dieta baja en grasas, el consumo responsable, la solidaridad social, el sexo seguro, el no a la piratería y que hacienda somos todos, porque sus tramas parecían una sucesión de recomendaciones de los distintos ministerios del ramo. (Pensándolo bien, igual no era tan diferente de Crónicas de un pueblo, nacida para dar a conocer el franquista Fuero de los españoles) Pese a todo, estaba bien hecha, los actores estaban creíbles y funcionaba como producto de entretenimiento de consumo masivo (que es, ni más ni menos, para lo que fue creada).

Lo mejor

Aunque sería injusto no mencionar a Farmacia de guardia como la primera serie de éxito made in Spain, fueron las grandes audiencias que logró Médico de familia las que animaron a los programadores a apostar por la ficción en español para el prime time. Las aventuras del doctor Martín abrieron las puertas a otras muchas como Periodistas, Compañeros o la imprescindible 7 vidas.

Lo peor

El productor José Frade acusó en su día a Emilio Aragón de haberle robado la idea de Médico de familia y lo llevó a los tribunales por plagio. Las acusaciones no hicieron mella en el éxito de la serie, pero sí llevaron a Frade a colocar en Antena 3 un producto muy similar a MDF llamado Tres hijos para mí solo y protagonizado por Enrique Simón. La serie sólo aguantó tres capítulos.

Trivia

Pues que os voy a contar que no sepáis. Todos los actores de Médico de familia han seguido en la tele y la mayoría con mucho éxito. El niño Aaron Guerrero se nos ha hecho mayor en la pantalla en Ana y los 7. Lydia Bosch volvió a la tele con Motivos personales tras un paréntesis para dedicarse a su familia y se ha convertido en la actriz preferida de la derecha española por su cerrada defensa de la fe católica en cada entrevista que concede. Su rival en el corazón de Nacho, Ana Duato, hace mucho que es Mercedes Alcántara para todos los españoles y Francis Lorenzo, el amigo ligón, arrasa de nuevo en Águila roja, tras algunos patinazos como su fallido late night y algunos éxitos, como su papel de pijo en Mis adorables vecinos. Antonio Molero cambió la fontanería por la mecánica y se llevó su papel casi clavado a Los Serrano y a Luisa Martín la hemos visto hace poco en Desaparecida y El caso Wanninkhof.

¿Y Emilio Aragón? Pues tras dos series que intentaron tirar de mimbres parecidos a los de MDF (Javier ya no vive solo y Casi perfectos) dejó la interpretación y se centró en el negocio televisivo donde ha demostrado ser un hacha y, tras fundar Globomedia se ha convertido en presidente de La Sexta. No le gusta salir para hablar de esa faceta de su vida, pero sí sigue promocionando de vez en cuando su ingente producción en las más variadas facetas artísticas: el stand up comedy, la música (de la sinfónica al pop pasando por el género infantil), los dibujos animados y, en breve, su primer largometraje. Pero aunque siga vendiendo esa imagen de chico sanote, yerno ideal, padre perfecto y defensor de los valores familiares, todos sabemos que tras la fachada hay un tiburón (blanco) de los negocios.

31 Marzo 2009 a las 12:34 por tvintage

Tu careto me suena: John Larroquette

Este inconfundible actor larguirucho y con cara de perro San Bernardo es uno de los cómicos más versátiles de la tele norteamericana. Nacido en Nueva Orleáns en 1947, empezó haciendo papeles de figuración en clásicos como Kojak o Ellery Queen. Su primer papel fijo le llegó en 1976 con Baa, Baa Black Sheep, una serie de título estúpido que narraba las aventuras en el Pacífico de unos pilotos de guerra norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial.

Las aventuras de las ovejas negras voladoras duraron sólo dos temporadas y Larroquette siguió haciendo papeles pequeños en series como Tres es compañía (la versión USA de Un hombre en casa), Isla Fantasía, Mork y Mindy, Dallas y Remington Steele hasta que en 1984 le llegó su gran oportunidad con Juzgado de guardia y el papel del rijoso fiscal Dan Fielding. La interpretación de Larroquette, siempre intentando llevarse a la cama a su compañera de trabajo, lamentándose de su desértica vida sexual y sus problemas de erección e intentando ocultar sus aficiones eróticas (como el capítulo en el que llevan ante el juez a una banda de ancianitas que operaban una línea de sexo telefónico ilegal… de la que Fielding resulta ser el mejor cliente), le valieron cuatro Emmys seguidos al mejor actor entre 1984 y 1988. En 1989 pidió que no le nominaran para dar oportunidad a otro actor.

Tras las ocho exitosas temporadas de Juzgado de guardia, Larroquette se embarcó en una serie con su propio nombre (algo que sólo intentan las grandes estrellas de la tele). The John Larroquette Show, que en España se tradujo como De mal en peor, es una excelente comedia amarga sobre un alcohólico en proceso de recuperación que trabaja como gerente nocturno en una estación de autobuses, lo que le permite mezclarse con una fauna nocturna de lo más peculiar. A pesar de que Larroquette se sale y de que la primera temporada es una joya del humor negro, la NBC decidió edulcorar la serie (que había tenido excelentes críticas pero discretos niveles de audiencia) y acabó por cancelarla tras la segunda temporada.

Pero para entonces Larroquette era ya una estrella. Miembro convencido del Partido Libertario (con un ideario que puede resumirse en menos leyes, menos fronteras y más autonomía individual), su ironía y su humor negrísimo le habían hecho el favorito de los late nights (de Carson a Leno pasando por Letterman) en los que reconocía sin tapujos y con mucho cachondeo su lucha contra el alcoholismo. También ha sido dos veces anfitrión del Saturday Night Live.

Además, Larroquette ha tenido oportunidad de demostrarnos que es mucho más que un excelente cómico con papeles como el de Joey Heric, un refinado asesino homosexual en El abogado (que le hizo ganar su quinto Emmy), el excéntrico abogado Lionel Tribbey en El ala oeste… y el ex policía convertido en abogado de pleitos pobres McBride, protagonista de una serie de diez tv movies. Y es que a estas alturas, a Larroquette deberían darle una licenciatura honorífica en Derecho: entre sus últimos trabajos está también Boston legal.

¿Y a cuantos grados de separación está Larroquette de Ana Obregón? Si les medimos el talento está a años luz, pero con respecto a sus trabajos sólo a tres: Larroquette puso la voz en una de las secuelas de La matanza de Texas en la que actuaba Lee Tergesen (otro careto sonoro que ha salido entre otras series en CSI, Mujeres desesperadas y Ley y Orden y fue actor fijo del Saturday Night Live americano). Tergesen compartió plano con Olivia D’Abo (Aquellos maravillosos años) en Wayne´s World II de Mike Myers y Olivia y Ana lucieron cacha juntas en Bolero, un peli en la que cuando las mozas alcanzaban el orgasmo en el revolcón final se encendía un neón con la palabra “éxtasis”, todo muy subliminal, vaya.

25 Marzo 2009 a las 20:54 por tvintage

Con togas y a lo loco

Desde que vi Testigo de cargo en la tele en blanco y negro de mi infancia tengo debilidad por las pelis y las series de abogados. Tanto, que incluso en mi adolescencia soñaba con ganarme las lentejas defendiendo a inocentes a base de gritar “¡Protesto!” en el momento oportuno, sacarme de la manga un precedente y seducir al jurado con mi oratoria impecable.

Claro que eso fue antes de saber que nuestro sistema judicial no se parece en nada al norteamericano (y de que programas como Veredicto o Tribunal popular me quitaran para siempre las ganas de vestir la toga). Pero la fascinación por los juicios en pantalla ha permanecido y me ha enganchado a series como El abogado, Ally McBeal, Boston Legal, Daños y perjuicios o la despiporrante Juzgado de guardia, pasando por Turno de oficio, y la fallida Al filo de la ley. Vamos, que incluso les dí sendas oportunidades al bodrio de Lex y a la clonada Acusados (con Blanca Close y Ted Coronado) antes de tacharlas de mi parrilla televisiva mental para siempre.

Pero mi favorita absoluta es La ley de Los Ángeles (LA Law), la serie en la que Steven Bochco supera las cotas de creatividad de Canción triste de Hill Street, perfecciona su destreza para entrelazar historias y contarlas con la cámara y se permite además, un desmelene argumental políticamente incorrecto. El primer capítulo de la serie era ya una declaración de intenciones: uno de los asistentes a las honras fúnebres de uno de los socios del prestigioso bufete McKenzie & Brackman desvela, ante el estupor de familiares y amigos, que el fallecido, modelo de virtudes jurídicas y solemnidad procesal, era un habitual de los bares gay más locos de la Costa Oeste.

Y a partir de ahí, durante ocho temporadas, centenares de casos, historias y situaciones que van del drama al disparate y unos personajes llenos de matices: Arnie (Corbin Bernsen), el abogado matrimonialista que despluma a los futuros ex maridos y se lleva a la cama a sus esposas; su paciente y enamorada secretaria (Susan Ruttan); el agrio fiscalista Douglas Brackman (Alan Rachins), con su calvicie y sus problemas sexuales; el venerable fundador Leland McKenzie (Richard Dysart), cuyo revolcón otoñal con su rival Rosalind Shays (Diana Muldaur) es uno de los momentos cumbre de la serie; la confusa Abby (Michelle Greene), protagonista con Amanda Donohoe del primer beso lésbico en una serie de gran audiencia y, sobre todo, el maravilloso Larry Drake en el papel del discapacitado Benny, el chico para todo del bufete y uno de los personajes más trabajados y perfectos de la tele de todos los tiempos.

La ley de Los Ángeles acumuló Emmys, Globos de Oro y todo tipo de galardones desde su estreno en EEUU en 1986. A España llegó en 1988 y, a pesar de que algún programador ciego de absenta decidió colocarla los sábados por la tarde, tuvo bastante éxito. Pero mis mejores recuerdos de la serie son de una reposición posterior, allá por 1994 o 1995, en la que pasaron casi las ocho temporadas sobre las dos de la madrugada, una hora perfecta para las brujas y las lechuzas como yo.

Lo mejor

LA Law es la primera aportación a la historia de la televisión del abogado metido a guionista David E. Kelley, un tipo del que los teleadictos hablamos de pie y con la mano en el pecho. Cuando Bochco lo fichó para La ley…, Kelley aún mantenía su trabajo en un bufete de Boston, pero pronto lo dejó para implicarse a tope en la producción y, tras la marcha de Bochco en 1989, asumió el control creativo de la serie y logró sus mejores momentos haciéndola cada vez más arriesgada, desarrollando subtramas y haciendo crecer a personajes aparentemente secundarios, algo que se convirtió en seña de identidad en sus trabajos posteriores.

Y es que el riesgo ha sido algo que ha marcado la carrera de Kelley desde sus inicios.
Tras una nueva colaboración con Bochco en Doogie Howser, una curiosa serie sobre un niño prodigio que ejerce de médico, Kelley creó Picket Fences, tan onírica y extrema como Twin Peaks pero con más humor negro. Casi de inmediato se pasó al género hospitalario con Chicago Hope, que obtuvo mejores críticas (pero peores audiencias) que su rival directa Urgencias (y que fue la primera serie de televisión en la que los norteamericanos vieron una teta adolescente y oyeron la palabra “mierda”). Luego vinieron tres series de abogados más: la realista y oscura El abogado; la luminosa y fantástica Ally McBeal, con su insegura protagonista que retrataba a toda una generación de working girls y la magnífica Boston Legal con el ex guaperas James Spader y el ex trekkie William Shatner despidiendo cada capítulo copa y puro en mano como Faemino y Cansado.

Además, Kelley es el rey del crossover televisivo: personajes de Picket Fences fueron atendidos en el hospital de Chicago Hope, Boston legal nace de una trama de El abogado y personajes de esta serie y de Ally McBeal entrecruzan sus caminos en varias ocasiones.

Si a esta demostración de talento televisivo sumamos que Kelley está casado con Michelle Pfeiffer y que es un defensor de la conciliación laboral, que programa su trabajo para poder llevar a sus niños al béisbol o a la clase de música, resulta que estamos ante un ser humano tan sobrenatural como Pep Guardiola, uno de esos tipos a los que les huelen los pies o se sacan los mocos en el coche, porque no se puede ser tan perfecto…

Lo peor

Que la 20th Century Fox, propietaria de la serie, no la ha editado en DVD ni tiene previsto hacerlo.

Trivia

La mayoría de los actores y actrices de La ley de Los Ángeles han continuado sus carreras en la tele. Algunos con gran éxito, como Jimmy Smits, al que pudimos ver como candidato a presidente en El ala Oeste y que ahora participa en Dexter. También el guapísimo Blair Underwood, que pese a algunos patinazos como LAX (una serie malísima sobre policías de aeropuerto con Heather Locklear) ha participado en Sexo en Nueva York y en las recientes Dirty Sexy Money y la aclamada En terapia. Por su parte, el rubio Corbin Bernsen ha protagonizado decenas de telefilmes y ahora tiene un papel fijo en Psych. También la estupenda Debi Mazar, que se incorporó a la serie casi en sus últimos capítulos, se ha dejado ver en Ugly Betty y tiene un papel fijo en la genial El séquito.

Pero quizá quienes mejores recuerdos me traen de la serie son Diana Muldaur, una clásica de la tele americana a quien los más vintage recordarán como la dueña de la leona de Nacida libre, y Harry Hamlin, un guapo y pésimo actor (nombrado el hombre más sexy del mundo en 1987) que pasará a la historia por su participación en la película mitológica de culto Furia de titanes, sus bodas con Ursula Andress y la mujer desesperada Nicollette Sheridan y su decadencia final como participante en el Mira quien baila norteamericano.