Elena y el Sexo

16 Noviembre 2009 a las 15:17 por elenayelsexo

Polvete de domingo

Siempre pensé que las paredes de mi casa eran como las de un búnker. Por eso nuestro vecino de al lado era un misterio total. Jamás oí la voz de sus invitados, ni un estornudo o una carcajada. Sólo de vez en cuando se ponía ‘clichetudo’ y nos obligaba a escuchar a todos los residentes del bloque algún tema muy maricón de Mónica Naranjo o los Village People. Tan poco sabíamos de él que un día apareció en nuestra puerta una inglesa pidiéndonos la llave del portal para hacer una copia argumentando que era la nueva inquilina del piso contiguo. Nunca se despidió ni vimos camiones de mudanza.

Pero anoche, curiosamente, escuché como la inglesita entraba en su casa con compañía masculina. Me di cuenta entonces de que por muy gruesas que fuesen las paredes, siempre me quedaría la posibilidad de cotillear la vida de otros gracias a la buena acústica del descansillo. Yo estaba leyendo un no muy entretenido relato que me habían encargado los de la editorial y la verdad es que cualquier cosa captaba mi interés con facilidad. El caso es que empecé a oír la charleta de los dos guiris tan clara como si estuviesen en mi cuarto. Ella se reía nerviosamente y él no paraba de hablar. Supuse que era un ligue.

Ruido de vasos, algún besito y de repente, como si se metiesen en mi cama, comenzaron los gemidos. “Oh, babe, I like it” fue la prueba definitiva de que aquello se trataba de un polvete de domingo. Al principio me sentí extraña, escuchaba nítidamente hasta los sonidos de las sábanas, los roces y casi el frotamiento de los pliegues. Todo era tan explícito y tan claro que empecé a excitarme. Y como mi final de semana estaba siendo mucho peor que el de ellos y a fin de cuentas nos separaba un delgadísimo muro, metí mi mano por las bragas y me di al maravilloso placer de la autosatisfacción.

Cerrar los ojos e imaginarme con ellos fue tan fácil como para ellos correrse. “Qué decepción, ha sido tan corto…”, pensé ingenua. Segundos después estaban de vuelta a la tarea, y yo a la mía, claro. Hemos dormido poco, hay que ver qué potencia la de estos chicos. Cuando a las siete ha sonado el despertador de ‘babe’ – así he decidido llamarle – Clarise y yo hemos hecho lo propio. Hoy trabajo agotada, pero contenta: he tenido sexo del bueno.

Moraleja: el de la música netamente homosexual no se comía un colín.

10 Noviembre 2009 a las 12:27 por elenayelsexo

Hoy cumplo veintiséis. Dejad vuestra condolencias

Supongo que felicitarse a uno mismo por su cumpleaños es algo que sólo sabe hacer bien Rocío Jurado. Yo procuro ver cada año por estas fechas el magnífico vídeo en el que ‘la más grande’ se canta a sí misma el ‘cumpleaños feliz’ de parte de los paparazzis con quienes todos los años tenía un detalle por su aniversario.

Para que este fuese verdaderamente un cumpleaños feliz deberían cambiar varias cosas. Vayamos por partes.

1.    Hace unos días veía ‘Julie y Julia’ y me sentía muy identificada con el personaje de Julie en una de las escenas. Resulta que una vez al mes la pobre tiene que quedar con sus amigas para comer una asquerosa ensalada César y jactarse de lo bien que les van las cosas. Después de uno de estos almuerzos, la protagonista se pregunta: “¿Es posible que te caigan mal tus amigas?”

2.    Días antes iba al cine a la última sesión de ‘500 días juntos’. Parece ser que a un tipo como Joseph Gordon-Levitt le habla en el ascensor del trabajo un mujerón como Zooey Deschanel. Pues eso.

3.    Volviendo a la primera película y al mismo personaje, se trata de una mujercita que rozando los treinta se da cuenta de que su vida es una mierda y empieza a escribir un blog sobre recetas de cocina. Al final (spoiler) se hace famosa y puede dejar su trabajo en un cubículo atendiendo llamadas de víctimas del 11-S y dedicarse plenamente a la escritura.

4.    Esta mañana he visto una peli porno en la que tres mujeres vivían en paz y armonía en una casa en el campo, donde de vez en cuando se pasaba un granjero y fornicaban todos locamente en el granero.

5.    En ‘El imaginario del Doctor Parnassus’ el doctor ídem pacta de vez en cuando con el diablo para hacer lo que le viene en gana. Entre otras cosas, ya ha conseguido ser inmortal.

Ahí lo dejo. Me voy a la calle a ver qué me deparan mis recién cumplidos veintiséis.

5 Noviembre 2009 a las 13:35 por elenayelsexo

Pablo

A Pablo no le gusta nada madrugar. Siempre llega tarde al trabajo. Pablo curra en una agencia de publicidad de la calle Pradillo y debió empezar a principios del mes de octubre. Pablo tiene una capacidad poco usual para combinar colores. Es heterosexual. Vuelve del trabajo sobre las cuatro de la tarde y vive en Manuel Becerra. Ahora está leyendo ‘No Logo’.

Sé que se llama Pablo porque un día le acompañó al trabajo una chica y le gritó ¡Pablo, vamos, que perdemos el tren! Mi regreso a la editorial debió coincidir con su rentreè, porque corríamos los dos como bobos a la salida del metro. Yo no tenía prisa por llegar y recorrí las calles con calma. Él se quedó en la agencia. Descubrí entonces a qué hora comenzaba su jornada laboral.

Nunca me mira, ni siquiera un poquito, así que decidí que era gay. Pero una mañana lo vi morrearse en los tornos de Manuel Becerra, donde cogemos los dos el metro, con una tía. Ya no había excusas, soy transparente para él.

Creo que es un tardón, de los que siempre llega diez minutos tarde –como yo-. Lo digo porque cuando le he visto, además de ir con la lengua fuera, se adentraba en el portal a eso de las 9.40, y, o tiene un horario un poco particular, o, efectivamente, se le ha pasado la hora.

Tiene la nariz grande y lleva unas gafas de pasta enormes, como las de Piedrahita. Pero Pablo me gusta desde que compartimos vagón. A pesar de que nunca me mire. Ni siquiera un poquito…